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Relaciones Institucionales

Discurso del Ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo. Versión castellano.

Anteriores Dignísimas autoridades, señoras y señores,

Este es el tercer año consecutivo en que nos reunimos en un Acto de Estado en recuerdo del Holocausto, aquél intento -por muy poco, fallido- de llevar a cabo el exterminio total de los judíos de Europa. Y por supuesto, con ellos y junto a ellos, de todas aquellas colectividades e individuos que los acompañaron en el designio demencial del nazismo: gitanos, disminuidos físicos y psíquicos, homosexuales, opositores políticos, "otros" en general.

BermejoEn este Acto queremos, en primer lugar, por supuesto, honrar la memoria de los millones de víctimas que perecieron o que vieron sus vidas marcadas para siempre y sus familias destruidas.

Queremos también, cuando seis décadas después de aquella Shoâ apocalíptica sus testigos vivientes van siendo cada vez menos numerosos, transmitir a los jóvenes de hoy la memoria de aquella tragedia de la humanidad, que fue posible por la acción de algunos, la complicidad de muchos y la inacción de casi todos en Europa: gobiernos intimidados; ciudadanos atemorizados; líderes religiosos incrédulos; intelectuales contaminados; políticos desprestigiados.

Pero también queremos transmitir con este Acto un mensaje de esperanza.

La esperanza se arraiga en que, a pesar de que en muchas partes de nuestro continente puedan darse y se den de hecho aún, brotes de actitudes racistas e incluso crímenes, el racismo y el antisemitismo están hoy radicalmente deslegitimados en el plano intelectual, moral y en la actuación política.

Esto no significa en modo alguno que no debamos permanecer en guardia permanentemente, en la vida política como en la vida cotidiana, y reaccionar frente a cualquier conato de intolerancia, discriminación o desprecio por los valores de igualdad de derechos que sustentan nuestra convivencia democrática.

Pero tenemos también el deber de transmitir la memoria de aquellos crímenes contra la humanidad que fueron cometidos porque eran posibles, y a la vez, reforzar la esperanza en que no lo serán nunca en el futuro.