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Relaciones Institucionales

Discurso del Presidente de la Federación de Comunidades judías de España, Jacobo Israel. Versión castellano.

Sr Ministro de Justicia, Sra Ministra de Educación y Ciencia, Sr. Subsecretario del Ministerio de Educación y Ciencia, Autoridades, Sres., Sras. :

En primer lugar, permítanme que en nombre de los diversos colectivos judíos, gitanos y republicanos que sufrieron prisión en los campos de exterminio nazi y en el mío propio, agradezca a los ministerios de Justicia, Educación y Asuntos Exteriores y Cooperación la organización y presidencia de este acto en recuerdo y memoria del Holocausto.

Jacobo Israel

Una pedagogía de la Shoah debe mostrar la singularidad del hecho en sí y tener un objetivo educativo. Lo que resulta singular del nazismo no es el tratamiento de quiénes mantenían ideas diferentes a las suyas. Tampoco su violencia contra los que fueron capturados en acciones de guerra o resistencia, por más dura e inhumana que fuera. Por desgracia en eso no fueron ni han sido los únicos.

Lo que resulta singularmente angustioso del nazismo es su política racial y de exterminio, principalmente del pueblo judío. Esta política explica lo específico de la Shoah, por el hecho de ser lo que eran, es decir, por un componente inalienable de la identidad, por un hecho de nacimiento, no por sus ideas o sus actos, detuvieron por todas las ciudades y aldeas de Europa a hombres y mujeres pacíficos, sin armas y de todas las edades desde niños hasta ancianos, familias enteras.

La Shoah no fue resultado de una batalla, de una tragedia natural o del estallido de odio primario de una población vecina, si no una acción planificada, ejecutada por el hombre de un modo industrial metódico y científico, recogiendo a las víctimas, pacíficos ciudadanos para agruparlos y proceder a su exterminio.

En la educación del Holocausto hemos de hacer la distinción entre tres tipos de actores: los asesinos, las víctimas y los testigos.

Es precisamente analizando la Shoah desde el papel de los testigos y no desde el de las victimas dónde podemos sentar las bases para una formación moral de nuestros hijos, porque las victimas no tuvieron elección.

Una pequeña parte pudo salir de Europa y el resto se encontró en una grande y tenebrosa cárcel sin poder resistir a la presión de los asesinos de otro modo que escondiéndose, lo que tampoco era fácil.

Pero los testigos pudieron actuar y lo hicieron de modo diferente: unos se unieron a los asesinos, otros vieron sus acciones con simpatía, muchos aceptaron que estas cosas ocurrieran considerando que no "iba con ellos". Otro grupo actuó con codicia, aprovechándose económicamente de las víctimas, algunos sentían simpatía por éstas, pero no hicieron nada y finalmente otros se arriesgaron para salvar vidas.

Toda la gama de decisiones morales se dieron entre los testigos y por eso la educación de la Shoah puede servir de fuente de inspiración para la formación moral.

Cuándo se analiza la historia de la Shoah se observa que en los países dónde la población se opuso mayoritariamente al transporte y deportación de los judíos como en Dinamarca y en menor medida en Bulgaria, la mayoría de los judíos de esos países pudieron salvarse. Como conceptualizó una escritora española judía de narrativa infantil Eva Nerkel, más conocida como Marga Donato que salió del país en el exilio republicano, una formación auténtica debe tener esta máxima : "ante una injusticia materialmente imposible de evitar o remediar, hay que tener siquiera el valor de la protesta".

Pero volvamos a este acto en sí. A algunos puede parecerles la Shoah algo lejano, no así a los españoles republicanos presos en los campos de concentración, no así a la comunidad gitana, no así a los judíos. Además de los millones de judíos ashkenazíes asesinados, decenas de miles de sefardíes de los Balcanes, de Grecia y de sus islas desparecieron en los hornos crematorios. También miles de republicanos españoles sufrieron internamiento y duros trabajos en Mauthausen y otros campos y centenares de judíos de nacionalidad española procedentes de Grecia y aquellos que la adquirieron por el Decreto de Primo de Rivera de 1924, sufrieron prisión en Bergen-Belsen.

Hoy nos reunimos aquí para honrar a los millones de judíos, gitanos y miembros de otros grupos, que murieron víctimas de la violencia racista nazi en lo que fue la mayor catástrofe europea. La memoria de esos millones de personas asesinadas, exige que compartamos el dolor por su desaparición y por las condiciones en que esa desaparición tuvo lugar, que les recordemos como seres humanos que vivieron una tragedia inhumana.

La Memoria del Holocausto no debe circunscribirse a recordar a las victimas que vieron truncadas sus vidas, entre ellas al millón y medio de niños judíos asesinados, si no que ha de servir también para recordar a todos aquellos que sufrieron en los campos de concentración por sus ideas políticas, por haber luchado contra el nazismo o por otras causas, lo que es también recordar la tragedia europea.

Esta memoria debe servir para honrar también a los hombres justos que salvaron vidas de los perseguidos por el fanatismo nazi, entre ellos a varios diplomáticos españoles que ejercieron su labor con fraternidad en aquellos tiempos de oscuridad. Que su memoria, la memoria del bien, brille para siempre. Y al recordar a los sobrevivientes de la tragedia, que pudieron empezar una nueva vida, de los cuales se encuentra entre nosotros un pequeño pero escogido grupo de deportados, enviamos un doble mensaje de esperanza para el futuro. El primero, si el mal no triunfó puede que nunca lo haga, y el segundo, que estos hombres y mujeres hayan podido rehacer sus vidas muestra que la Humanidad puede renacer incluso desde el humo y la ceniza.

Pero la Memoria del Holocausto, una memoria necesaria, debe iluminar la observación del presente. Hoy, cuándo acaba de cumplirse hace menos de una semana, el sexagésimo segundo aniversario de la Marcha de la Muerte en la que numerosos supervivientes fueron llevados por los nazis al final de la guerra desde Auschwitz a los campos de Dora y Bergen-Belsen, vemos con preocupación como un gobierno organiza un concurso de viñetas satíricas sobre el Holocausto e inmediatamente después una llamada conferencia sobre el Holocausto de eminente carácter negacionista. Este país, miembro de las Naciones Unidas, representa hoy el mayor baluarte del antisemitismo, y el mayor peligro para los valores de la democracia europea.

Emmanuele Lévinas nos enseñó, reflexionando sobre la vieja máxima judía "que todo hombre es responsable el uno por el otro". La educación del Holocausto, esto es, la educación contra Auschwitz y todo lo que representa y la reflexión de Lévinas deberían servir para formar moralmente a la juventud sobre cómo relacionarse con el prójimo desde una responsabilidad compartida y mutua, apreciándole por las similitudes y respetándole por las diferencias.

Que el próximo año podamos recordar de nuevo a las víctimas, a los supervivientes y a los justos en un mundo dónde brille más fuertemente la democracia y la libertad. Muchas gracias.