El 10 de diciembre de 2004 el Gobierno español estableció el Día Oficial de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad, con objeto de conmemorar la liberación del Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau. Por esta razón estamos reunidos hoy aquí.
Permítanme que, como ministra de Educación y Ciencia, dedique unos instantes a reflexionar sobre las dos palabras que dan sentido al enunciado de la conmemoración: Memoria y Prevención.
Los educadores tenemos que hacer un esfuerzo por ser capaces de situar el Holocausto en su contexto histórico y por transmitir su Memoria a las generaciones sucesivas. Nuestros jóvenes deben comprender que el Holocausto fue un acontecimiento genocida que persiguió el exterminio sistemático de los judíos europeos, y de otras minorías étnicas, religiosas y culturales, junto con la liquidación por la fuerza de toda disidencia política. Fue un acontecimiento dirigido y orquestado por el Tercer Reich, que contó con complicidades en toda Europa, y que forma una parte esencial de la historia europea. Quizá pueda decirse, como ha observado la socióloga francesa Annette Wieviorka -víctima de Auschwitz- que es el fenómeno más caracterizadamente europeo del siglo XX.
A este respecto, en España debemos hacer un esfuerzo suplementario, porque con frecuencia tendemos a concebir el Holocausto como algo lejano y un tanto ajeno a nuestra historia. No fue así. Hubo muchos españoles entre las víctimas del nazismo: más de 15.000 republicanos derrotados en nuestra guerra civil pasaron por los campos de concentración nazis. Buena parte de ellos fueron a parar al Campo de Mauthausen, que por esa razón todavía es conocido como "El Campo de los Españoles". La mayoría de ellos dejaron allí sus vidas.
Y, por supuesto, también debemos hacer un esfuerzo por incorporar a nuestra historia al casi medio millón de judíos de origen español exterminados. Hoy tenemos entre nosotros a varios supervivientes, a los que expresamos nuestro reconocimiento en este acto.
Es necesario, insisto, que podamos transmitir la Memoria del Holocausto a las siguientes generaciones. Por esta razón pretendemos que por primera vez en nuestro sistema educativo el Holocausto tenga una referencia expresa en la asignatura Historia del Mundo Contemporáneo, de Bachillerato. Y en la Educación Secundaria Obligatoria, las asignaturas de Educación para la Ciudadanía y de Ciencias Sociales, Geografía e Historia incluyen ya reflexiones críticas sobre el antisemitismo y sobre los genocidios.
Pero... ¿Basta con incluir la enseñanza del Holocausto en el currículo de las asignaturas? Creo que la respuesta es no. No basta con la Memoria. O, al menos, no basta con la Memoria si entendemos ésta como mera información o noticia del acontecimiento. Es oportuno recordar, a este respecto, una frase del premio Nobel Elie Wiesel, quien decía que "una memoria que no tuviera en cuenta el futuro violaría el legado del pasado".
Y es aquí donde entra en juego la segunda palabra que vertebra el enunciado de esta conmemoración: la Prevención. El conocimiento no es sólo acumulación de información. Debe tener una finalidad. Y en este caso tenemos que conocer para prevenir. Para prevenir que no vuelva a producirse la barbarie.
Quienes crecimos bajo la dictadura -bajo cualquier dictadura- somos conscientes de que la democracia no es algo que venga dado; sabemos que es una conquista de la ciudadanía. Y tenemos que ser capaces de transmitir esa idea a los jóvenes que ya han nacido en democracia.
Es imprescindible que nuestros alumnos sepan que las instituciones democráticas no se sostienen por sí mismas; que es necesario respetarlas, cuidarlas y protegerlas. El respeto al otro tiene que ser uno de los pilares de su formación; debemos fomentar una cultura de la convivencia que acabe incorporada al ser de nuestros jóvenes. Tenemos que asegurarnos de que conozcan los derechos de ciudadanía, que estén dispuestos a luchar en su defensa y a impedir que se conculquen. En definitiva, tenemos que intentar que nuestros estudiantes aprendan y hagan suyos los valores que sustentan una convivencia en democracia: hemos de conferir un aliento ético y moral a la formación de nuestros futuros ciudadanos. Esos son nuestros retos, y ese es uno de los objetivos de la política educativa del Gobierno de España.
En el zaguán de entrada a este edificio habrán visto que hay una excelente exposición, organizada por el Yad Vashem, sobre los niños bajo el Holocausto. Como ministra de Educación y Ciencia estoy convencida de que, para que nunca más se repitan estas escenas, la escuela es la solución.
Muchas gracias.