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Entrevista: Alfonso Seoane

1 de Septiembre de 2010

Parecería que Alfonso Seoane, Director General de la Fundación Española de Baloncesto, contaba los días para que llegara el 28 de julio. Esa mañana una treintena de niños, de 10 a 12 años, iniciaron un clinic de verano a la vera de la Selección española de baloncesto. Son chicos con historias de supervivencia que hielan la sangre. Llegaron a España tras una selección emprendida por la Fundación Cesare Scariolo, la Escuela ITT de Tánger y la Fundación Peres para la Paz. El proyecto que tanto ilusionó al directivo y que terminó el 2 de agosto es posible gracias al trabajo conjunto de la entidad con Casa Sefarad-Israel (ambos financiaron la iniciativa).

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¿Cuál es el objetivo de este proyecto?
Este campus es una pieza más en el acuerdo global que tenemos con Casa Sefarad. Nuestro objetivo
es demostrar que el baloncesto
es un buen instrumento como terapia social. Lo que hacemos es identificar el problema y luego aplicarle una terapia ad hoc a esa problemáticas y sumarle la práctica del baloncesto.
¿Por ejemplo?
Tenemos el proyecto ‘Ponle un tapón al botellón’, de lucha contra el alcoholismo en la juventud. Atendemos a más de 700 jóvenes en Leganés, les visitan médicos o enfermeras y les explican lo malo que es el alcohol para la nutrición, para las relaciones sexuales, cómo tratar un coma etílico, la problemática social detrás de esta práctica, cómo les repercute en su vida. En la tarde, como una opción de ocio alternativo, les damos clases de baloncesto. A través de una iniciativa en zonas marginales de las grandes ciudades, hemos conseguido que en sitios como Sevilla se reduzca el absentismo escolar en un 27%. Nos interesa la relación con Casa Sefarad-Israel porque creemos que se puede utilizar el baloncesto como una vía de paz y de comunicación.
¿Qué valores encierra el baloncesto
para conseguir este propósito?
Un equipo de baloncesto es un equipo muy cohesionado, hay figuras pero no serían nada sin la labor del equipo. Valores como el respeto al rival, la convivencia, la honradez, la solidaridad, las ganas de superación son claves en este deporte. El baloncesto es la única disciplina en la que cuando el árbitro marca una falta el jugador levanta la mano y lo reconoce.
Durante el verano más de 200 campus de baloncesto se ponen en marcha en España, ¿qué valor añadido encierra el de la Federación?
Lo más importante es que coincide
y convive con la Selección española de baloncesto y este es un privilegio que sólo tienen estos niños. El año pasado lo hicimos en San Fernando (Cádiz) y este año lo hemos hecho en Las Palmas. Los chicos fueron un día a entrenamientos, otro día lo compartieron con los jugadores y el seleccionador, vieron un partido, etc.
¿A cuántas personas moviliza
la Fundación para este proyecto?
Siete personas. El director institucional
es Fernando Romay (mítico pívot de la Selección española, 200 veces internacional).
Hay entrenadores profesionales
con titulación nacional que entrenan equipos, monitores
y un coordinador.
¿Cómo se realiza la selección de los chicos participantes?
La Fundación Peres para la Paz escoge chicos tanto israelíes como árabe-israelíes del extrarradio
de Tel Aviv que viven una situación socioeconómica desfavorecida.
La Fundación Cesar Escariolo,
por su parte, trae a chicos con problemas oncológicos. Y de nuestra escuela de Tánger, que cuenta con unos 400 alumnos, se escoge a los que han tenido una mejor actuación. En total suman unos 30 chicos, quisiéramos que sean 300 pero ya resultaría muy costoso.
¿Cómo ha sido el día a día de estos chicos?
Se levantaban pronto para empezar
los entrenamientos. Se trata de una práctica deportiva en un intento por tratarles, de alguna forma, como un equipo profesional
aunque nos adaptamos a sus conocimientos y aptitudes para el baloncesto. Hacían prácticas de tiro, de habilidad, de juego conjunto. A últimas horas de la mañana les llevábamos a la playa o a la piscina, es su tiempo de ocio. Luego, comían, descansaban
y realizábamos actividades culturales que consistían en acompañar un día con la Selección,
asistir a charlas o proyecciones
de películas.
¿Qué lecciones dejan iniciativas
de esta naturaleza?
Lo más importante para lo que ha servido es para promover la convivencia.
El intercambio cultural es realmente emocionante, eso está por encima del contenido lúdico-deportivo. Ver como intercambian
experiencias de lo que es su día a día es impagable.
¿Y los jugadores que aprenden
de estos chicos?
Creo que les humaniza un poco más. Son personas que están en el ojo del huracán mediático, la mayoría de los miembros del equipo juegan en la NBA, disputan hasta tres partidos a la semana. Un día me dijo uno de ellos que los chicos suponían un remanso de paz. El aprendizaje es más para los jugadores que para los niños porque ven la parte humana. Están acostumbrados a vivir una rutina deportivo-mediática
y, de pronto, se encuentran con unos niños que, a veces, ni siquiera les identifican y que les tratan de tú a tú.

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