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Holocausto

ROQUE LOBO: EL PRESTIGIO DE LA DOCENCIA

23 de Febrero de 2010

Desde el área de Holocausto y Antisemitismo lamentamos el fallecimiento de Roque Lobo el pasado 8 de febrero. Roque, miembro de la comisión interministerial y partícipe en todos nuestros encuentros junto con los demás representantes del Ministerio de Educación, era un gran profesional y una persona extraordinaria. Su ausencia se hará notar en el proyecto común que nos unía. Juan López Martínez, Subdirector General de Ordenación Académica del Ministerio de Educación, dedica en nombre de todos las siguientes palabras en su memoria.

Foto Roque Lobo.JPG

Recordar a ROQUE LOBO es recordar el testimonio de un docente ejemplar.

Por su dedicación a la educación como opción vital al servicio de la escuela pública y por su compromiso concreto con ella a lo largo de 18 años de Director del Instituto más grande y complejo de Fuenlabrada.

Muchos jóvenes hoy tienen futuro personal y profesional gracias a la tarea desarrollada por Roque en dicho centro.

Roque supo enseñarles a ellos y a ellas, su alumnado, y a nosotros, sus compañeros de trabajo por la educación, que lo mejor que nos ha pasado en la vida es que somos personas, porque nada hay más grande que la dignidad de la persona. Y Roque fue la expresión cotidiana de la dignidad.

Testimonió con su vida que todas las personas son dignas de respeto, independientemente del color de su piel, de su origen social o cultural, de su religión, género u opinión.

Él nos enseñó que lo mejor de las personas no se ve con los ojos de la cara, sino con los ojos del corazón. Porque la belleza del ser humano está dentro de él y, en consecuencia, la felicidad es una aventura interior que tiene mucho que ver con aprender a aprender, con aprender a convivir, aprender a ser.

Él me enseñó, en su etapa de estrecha colaboración conmigo en la subdirección general de ordenación académica, que debemos buscar siempre la verdad, pero sabiendo que las verdades no son la verdad, sino parte de la verdad y que, por eso, entre todos construimos la verdad y nadie tiene la verdad absoluta.

Roque nos demostró que la profesión docente era la profesión más hermosa del mundo, la única capaz de dar sentido a toda una vida, porque trata sobre todo de “dar sentido a la vida” de nuestros niños, niñas y jóvenes. Una profesión para, además de instruir en conocimientos, educar en valores.

 En los valores que nos refuerzan como sociedad y como personas, en los valores que nos unen, no en los dogmas que nos separan; en los valores que se centran en la dignidad de la persona y en sus derechos inalienables.

En los valores de una escuela inclusiva que da siempre segundas y terceras oportunidades para que nadie se quede en el camino. Porque quien se queda en el camino en el sistema educativo tiene muchas probabilidades de quedarse en el camino en la sociedad, y cuantos más se queden en el camino, más dual y desigual será la sociedad, tendrá menos cohesión social y, en consecuencia, menos calidad de vida. Escuela inclusiva, pues, para que las diferencias no se conviertan en desigualdades.

Escuela que no es posible en soledad. Escuela que sólo es posible trabajando en equipo, viviendo la unidad de los mismos objetos desarrollados en un proyecto educativo conjunto. Porque frente a diez profesores o profesoras, maestros o maestras, puestos de acuerdo, no hay alumno ni alumna que se resista. No digamos ya si nos ponemos, además, de acuerdo con las familias.

Valores hechos vida en la persona de Roque. Valores fundamentales para enseñar a nuestros alumnos a pensar, a soñar, a ser responsables y libres, a ser ellos mismos autónomos, a crecer por sí mismos, a ser respetuosos con todos y con ellos mismos, a descubrirles que son personas y, por ellos, seres únicos, irrepetibles y maravillosos, nacidos para ser útiles a los demás. Porque como decía el poeta José Hierro, “¿de qué sirven nuestras vidas, si no enriquecen a otras vidas?”.

Querido Roque, pronto la escuela descubrirá que el gran prestigio de la tarea docente se fundamenta en hacer realidad  su enorme potencial axiológico.

Ese potencial que tú hiciste realidad con tu vida.

Juan López Martínez
Subdirector General de Ordenación Académica
Ministerio de Educación.

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